Saer explica la ficción no como una mentira ni como una copia deformada de la realidad, sino como una forma de conocimiento. La ficción se construye un mundo posible que muestra aspectos de la experiencia que no siempre son accesibles desde el discurso científico o histórico. Es un espacio donde se cruzan memoria, imaginación y lenguaje, y donde lo verdadero no depende de la sucesión de los hechos, sino de la coherencia interna y la potencia de sentido que genera.
En resumen, la ficción es una manera de pensar el mundo, no lo reproduce tal cual, sino que lo recrea para mostrar lo que la realidad oculta o no puede decir directamente. Dos ejemplos claros son las autobiografías y las novelas históricas. En la autobiografía literaria un escritor narra su vida, mezcla sus recuerdos con invención. El resultado no es un archivo histórico, sino una ficción que revela la verdad de una experiencia subjetiva. Si bien las novelas históricas no pretenden ser un manual de historia, aunque se base en hechos reales. Su fuerza está en la ficción permite entender la dimensión humana de la guerra, las emociones y dilemas de los personajes, algo que los documentos históricos no pueden transmitir
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