Cronica

 Mi 24 de marzo comenzó a las 11 del mediodía, apenas abrí los ojos observe a mis mascotas durmiendo a mi alrededor, luego de recibir sus respectivos mimos procedí a agarrar el teléfono para preguntarle a mi hermana a que hora íbamos a la marcha. Su respuesta me daba la certeza de que ella no sabía si iría, al recibir ese tipo de respuesta decidí que iba a ir sola, quizás me encontraba alguna cara familiar entre la masividad, realmente no me preocupaba estar sola ya que iba a ser una marcha sin represión. Me di una ducha rápida, me costaba mucho arrancar ya que la noche anterior había trasnochado estudiando, lo más rápido que me dio las neuronas, me arreglé, preparé mis cosas y lo más importante, el mate, y a eso de las 13:30 emprendí mi viaje. Ya en el tren vi personas que claramente iban a la marcha, se notaba su entusiasmo y la forma en la que vestían, los cantos no tardaron en empezar. El Urquiza con sus vagones reventados de personas gritando “Como a los nazis le va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”, mientras acompañaba los cantos me sumergí en las redes. El algoritmo me golpeó durísimo, archivos viejos, mujeres llorando reclamando el cadáver de sus hijos, testimonios de los juicios a la junta, mujeres contando haber parido en el piso, tortura en adultos y niños, adolescentes desaparecidos, mujeres amas de casa casi sin ningún recurso caminando con pañuelos en la cabeza mientras caballos se las llevaban puestas, el motín de los colchones quemados en Devoto, la cara de Videla, la nota en que se lo increpa a Galtieri, Néstor bajando los cuadros, Néstor en el balcón gritándole a los militares que no le tenia miedo, Néstor pidiendo disculpas de parte del estado nacional, archivos de CQC, Malvinas, la noche de los lápices, la sonrisa de Hebe de Bonafini, los ojos piadosos de Estela de Carlotto, la foto del cigarrillo del indulto de Menem, los vuelos de la muerte, los centros clandestinos de detención, 30000 desaparecidos, el buenos aires Herald, la cara de los militares en fila, la cara de los desaparecidos, los bebes vendidos, el cinismo y la justicia que nunca llego. Era demasiado que procesar y yo en medio de los cantos intentaba aguantar las ganas de llorar, veía a todos felices y emocionados y sentía que desencajaba. Ya en la estación de Lacroze la masa junta bajo a la estación del subte línea B. Los cantos siguieron y al llegar a la estación Carlos Pellegrini todos bajaron, yo pensaba en bajar en florida pero como toda la masa bajó, decidí seguirla, los cantos no desaparecieron hasta que me choque con el obelisco. La 9 de julio cortada, corrientes llena, decidí seguir a la gente por la avenida presidente Roque Sáenz Peña, mi objetivo era llegar a la plaza de mayo, realmente por momentos pensé que no iba a poder pero entre las corrientes de personas me pude mover, tarde 40 min aprox para llegar. La plaza me recibió con la canción del pity “está saliendo el sol” y “homero” yo amo al pity, mientras esquivaba las parrillas con el humo que por momentos me ahogaba cantaba al pity. Pude parar a un costado el escenario en donde me pude sentar a tomar mate, desde mi punto de vista era imposible ver a las personas en el escenario pero atenta escuche las voces y sus discursos. Sorprendía ver como la masa se silencia y escuchaba a esas voces reclamando, solo pude reconocer la voz de dos personas: Estela de Carlotto y la famosísima Taty Almeida. Escuchando el discurso de Taty me pare, guarde el mate y seguí su voz acercándome al escenario hipnotizada. Esa voz cargada de años, de arrugas pero a la vez fuerte, que me daba ganas de saltar la valla y prender fuego la casa rosada, voz que podía ser obscura y rasposa pero luchadora  e inspiradora. Recuerdo frases  de su discurso como “seguimos luchando por la memoria, verdad y justicia. Pan, salud y trabajo, educación y viviendo”,  “ levantamos muy alto la foto de los desaparecidos, mirando a la casa de gobierno, a ese poder de estado que no los busca mientras los niega, “son 30000 luchas”, “no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos ”, “porque somos el país del nunca más y del pañuelo blanco”, “hasta que todo sea como lo soñamos y luchamos”, y a este punto decidí sacar mi teléfono y grabar porque realmente no podía dejar pasar lo que estaba diciendo. Su discurso finalizó de la mejor manera posible diciendo “son 30000 detenidos desaparecidos” la multitud al unísono respondió presente, ella contestó con “ahora” y la multitud respondió “siempre”, ella cerró con broche de oro “y no nos han vencido”. En muchos momentos del acto observe la casa rosada, se veía muy lejana, muy silenciosa y realmente cómplice, sus balcones se veían fríos y vacíos. Decidí irme cuando finalizó el pogo de la canción jijiji del indio solari. Me costó mucho pasar la primera esquina, se hizo un embudo de gente y ahí perdí el poco espacio personal que había ganado al lado del escenario y al no poder ver para abajo me lleve puesto un mini poste, que no tengo idea para qué sirve, un par de personas me atajaron. Todas las personas con las que me crucé en la marcha fueron muy respetuosos, todo muy educado y se sentía la buena onda. Cuando pude llegar a Alem y de Alem a Lacroze, decidí que era mejor subirme a ese tren vacío que salía en media hora, eran las 19 pero mis piernas ya no me respondían. Ya sentada y cómoda, vi a un señor sentado en diagonal, debía tener alrededor de unos 70 y pico, su poco pelo blanco lo delataba. Al rato llegaron 4 personas con fotos de un desaparecido pegada en el estómago, dos se sentaron al lado mío y otras dos con el señor. Los ojos del señor se iluminaron por un segundo y con una voz baja y rasposa comentó que él era su amigo señalando la foto que la mujer en frente de él tenía en el estómago. Contó que se habían conocido en la colimba y que cuando salieron se fueron a trabajar de ferroviarios pero su amigo se había hecho delegado, y ahí lo desaparecieron, escuche que intentaron llevarse también a sus hermanos, que realmente no tenían nada que ver, que eran todos buena gente. En un momento pude distinguir que la cara del señor se torno triste y melancólica y soltó algo que me hizo lagrimear “son recuerdos que tengo guardados en un lugar al que no recurro mucho, pero cuando los revivo los sufro como si fuera ayer, teníamos 21 años y ahora él tendría 71”. Después de decir eso no hablo más en todo el viaje, vi como miraba al paisaje con la mirada perdida y en la cara tenía el vacío. Cuando me bajé en la estación de Rubén Darío me di vuelta porque lo quería ver una última vez pero me sorprendí cuando se bajó conmigo. Caminando a mi casa sentí todo tan cercano y estaba como muy sensible, recordé que todo el día aguante las ganas de llorar y que nunca todo esto me había movido tanto. Pensé que en el secundario prácticamente no recibí mucha información del tema, pues escuela técnica del conurbano, también pensé en la impunidad y que realmente nunca hubo justicia real, recordé a varios conocidos y a sus discursos avalando la dictadura, la falta de empatía que tenían o que muchos vivieron cómodos porque no les afecto o porque ni siquiera había vivido esa época. Recordé a alguien en particular que siempre decía que vuelva Videla y me di cuenta de que además de ser un pelotudo era un ignorante porque si él hubiera vivido en dictadura sería un desaparecido porque fue presidente del centro de estudiantes. En fin la hipocresía  

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