Cuento fantastico

 No entendía muy bien donde estaba, me di cuenta de que era un cumpleaños de xv por la decoración que llenaba el salón, recuerdo ver telas rosa viejo brilloso tapando las paredes, cubriendo las mesas las sillas. Al avanzar, viene hacia mi una mujer con un pañuelo rojo en la cabeza, tenía mucha joyería, argollas doradas, como tres esclavas en cada muñeca, y todos sus dedos adornados por anillos, me agarro las manos, sonrió y dijo “vos tira las cartas que yo hago todo lo demás”. pude ver que tenía dientes de oro, sus manos arrugadas con dedos largos y flacos.  Hay algo en ella que no me cerraba, no quería ser prejuiciosa, yo realmente no tenía nada en contra de la comunidad gitana, no quería que se sintiera discriminada por ende solo asentí. Ella se giró complacida y se fue por una puerta. Me quedé clavada viendo esa puerta, tenía un mal presentimiento. De pronto apareció Oscar, hace años que no lo veía, él muy alegre y me pidió que nos saquemos una selfi. Intentamos dos veces, en las dos fotos mi cara salió borrosa, como distorsionada, realmente no entendía que pasaba, el me dijo “tranqui, después intentamos”  y se fue.

Quedé media impresionada por ende decidí salir del salón a tomar aire fresco, me seguía sintiendo rara. En frente al salón la fiesta seguía había gente con reposeras sentada charlando y disfrutando de la cálida noche, me uní, quería olvidarme de mi presentimiento y extrañeza, quería fingir demencia. Me senté en una reposera vacía, a mi izquierda había una palmera y un pozo de agua, estaba oscuro pero pude ver la silueta de alguien espiándome, me paniquee y alerte a las personas al rededor mío. Básicamente le restaron importancia, me dijeron “él siempre hace lo mismo, es inofensivo”, estaba muy incómoda y no podía dejar de verlo espiándome. Decidí volver a entrar, ya adentro una chica de cabello largo y negro me pidió que le tire las cartas. Yo siempre llevo mis cartas conmigo, no nos separamos nunca, le dije a la chica que si. Ella me guió por un pasillo a lo que parecía ser su habitación, se sentó en la cama y cuando yo iba a hacerlo veo mi carta de tarot en el piso, era la muerte, como mi carta apareció en el piso de una habitación a la que nunca fui. Mi instinto de supervivencia se despertó, me sentía en peligro, algo terrible estaba por ocurrir. La puerta se abre, es la gitana que se ríe, una risa incómoda, veo mi carta en el piso. La carta tenía a la muerte montada en un caballo, sosteniendo una bandera, a sus pies un rey muerto, y al lado un papa pidiendo clemencia con unos niños llorando, esta carta tenía algo raro no sabia que hasta que la muerte giró su cara y me miró directamente. Quedé estupefacta y no pude reaccionar, de la carta salió la muerte arrastrándose, la muchacha gritó mientras la gitana no paraba de reír y yo sin poder reaccionar. Mientras la muerte terminaba de salir la pelinegra empujó a la gitana de la puerta y corrió, solo vi a la gitana en el piso y corrí atrás de ella. 

La fiesta ya no parecía tan acogedora como antes, todo se veía inquietante, no quise mirar mucho solo hui intentaba seguirle el paso a la chica hasta que nos chocamos con la puerta de entrada, ella intentó abrirla pero no podía, intente con ella pero estaba cerrada, me entro la desesperación pero sentí el frio recorriendo mis huesos cuando escuche ruidos atrás mío        

  


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