Realmente me gustaría escribir sobre sueños, pero cuando duermo no sueño, soy más de soñar despierta o al menos son mis mejores sueños. Adoro repasar y analizar conversaciones banales, ahí es donde realmente se conoce a las personas, en conversaciones banales. Hoy tuve una conversación sobre estilos de vida con un señor cristiano, el me presento una forma binaria de vida, lo que es malo es malo y lo bueno es bueno, dios y el diablo. El menciono algo peculiar sobre el tarot y además cosas asociadas a la brujería, que eso era malo y que uno lo paga con el alma. Mientras lo escuchaba pensaba en que yo tiro el tarot, no lo dije, prefería mantener la conversación en algo más banal y no tan personal, yo como tal no di mi opinión porque no la tenía formada, siempre necesito tiempo para analizar lo que me dicen. También me habló sobre personas poseídas y yo hice mis respectivas preguntas sobre el tema. Y horas después me encuentro en mi cama reflexionando de todo lo que me dijo y creo que tengo una opinión formada. Me doy cuenta es que soy demasiado pesimista para creer en un dios piadoso o puede ser de que leo a diario demasiados académicos que describen el culto a dios como “creencias mundanas”. Pero a pesar de mi pesimismo me gusta pensar que todo no es blanco ni negro, no solo creo en los tonos grises, si no en la variedad y gamas de colores que hay. Hay cierta posibilidad de que los litros de vino blanco que consumí estén hablando por mí, realmente no sé. De lo que sí estoy segura es que siempre en lo malo hay algo bueno y que en lo bueno hay algo malo, no creo que las cartas de tarot sean malas como tal, ellas existen desde antes de cristo y los primeros en usarlas fueron los egipcios. No creo que mujeres que juntan hierbas y prenden velas para limpiar energías sean malas y lo paguen con su alma. No creo que dios omnipotente le moleste estas mujeres tirando cartas, prendiendo velas y sahumando mientras pasan guerras, masacres y genocidios, capaz al pensar así peco de ignorante, pero si se piensa que eso es algo malo, es en cierto punto subestimar al diablo y a la maldad como tal. No creo en encontrar a dios en todos lados y a diario, siento que se lo subestima y que si es que existe el como tal no actúa, el no ayuda, lo que ayuda es uno mismo, la fuerza que uno agarra creyendo en un dios todopoderoso. Espero no estar equivocada porque creo que nunca me voy a poder acostumbrar a arder en el infierno con Adolf
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