Amo la música, en general. Puedo estar horas y horas escuchando música, me hace entrar en una ensoñación en donde camino y hablo sola durante horas. Si ya se no me faltan un par de tornillos, si no una tonelada. En general escucho música muy variada, desde reguetones viejos, hasta Beethoven, AD/DC o Leo Mattioli. Aunque tuve ciertas experiencias hostiles con la música, más bien con las personas que dicen hacer música.
A mis siete años, a mi madre no le pareció muy correcto que mi vida se base en tomar mate y ver casados con hijos, asique me obligo a tocar un instrumento. Resulta que mi escuela primaria presentaba un proyecto en donde se les daba a los niños instrumentos de cuerda de música clásica y sus respectivas clases, con la idea de formar una orquesta e ir agrandándola con otro tipo de instrumentos. Yo probe con todos los instrumentos que había, pensé que si me iban a obligar por lo menos algo tenía que encontrar que me gusté y después de mi recorrido por el incomodo violín, la aburrida viola, el pesado contrabajo, el sucio corno, me terminé quedando con el violonchelo, era dentro de todo fácil de mover y me resultaba cómodo la posición en la que se tocaba. Todo empezó con risas, era divertido convivir con otros niños todos con nuestros instrumentos un sábado a la mañana en ese entonces los maestros eran muy amigables porque eran conscientes de que éramos niños, hasta que rendi exámenes sin darme cuenta de que los hacia y termine pasando de nivel y cambiando de orquesta. Y conocí a Baradi, era un hombre alto, de unos cuarenta y muchísima papada, nunca me cayó bien, siempre tuvo esa forma de hablar con todas las madres de manera libidinosa, siempre con ese aire de superioridad, él nos decía que era director de orquesta del colon y yo me lo creí, de grande entendí que era mentira y nos lo decía para intimidarnos, porque él no era profesor era un musico, tocaba la viola. Creo que ese era el problema, él nos trataba horrible a todos los niños de la orquesta, no tenía paciencia alguna y cuando nos gritaba parecía que se le iba a reventar la papada, los otros profesores se enojaban porque los niños abandonaban la orquesta. Y ustedes se preguntarán que tengo que ver yo con Baradi, en simples palabras nos odiábamos, ya que yo no tengo ritmo, nuca lo tuve y no sé si algún día lo tendré, ya no me molesta, pero en su momento la pasaba muy mal porque me costaba todo el doble y él lo sabía. Me volví el blanco de sus gritos, aunque debo reconocer que un poco me lo gana debido a que siempre fui una hija de puta, cada vez que el me gritaba en frente de toda la orquesta yo me reía o le sonreía, una vez me revoleo una batuta y me dijo que, si el fuera yo no me reiría tanto, era tal la bronca que yo le hacía dar que siempre que podía me pisaba la cabeza. Yo siempre burlándome e intentaba molestarlo lo más posible, pero yo tenía ocho o nueve, seguía siendo una niña, por lo que enfrente de él me reía y molestaba, pero en el trayecto devuelta a mi casa lloraba rogándole a mi mama que me saque de esa horrible orquesta, yo nunca iba a llorar frente de él, jamás le iba a dar el gusto de saber que me dolía todo lo que decía. Duré así seis años, el pase bastante mal, más allá de las molestias que le provocaba a Baradi, todos los profesores que, si quería se vivián enojando porque nunca practicaba, como no quería estar ahí, nunca me esforzaba y siempre me retaban. Hasta que citaron a mi mama y ella les conto que yo nunca quise formar parte, con eso me dejaron de exigir y lo entendieron. Todavía me acuerdo como me aburria en ciertas clases por ende siempre escribía las mesas y me retaban, siempre nos hacían tocar las mismas partituras aburridas y católicas todos los años para presentarla en los conciertos. Creo que hice demasiados conciertos, los que más recuerdo fueron en una iglesia, en centros culturales o en la facultad de derecho, eso era lo peor, porque me tenía que esforzar por no quedar mal en frente de más de doscientas personas. Una vez, en un concierto la fila de como siete u ocho violinistas desafinaron todos, recuerdo la cara de Baradi, era una de las peores cosas que le podía pasar ya que los violinistas marcan toda la melodía y para colmo desafinaron demasiado, todos de forma sincronizada, parecía que lo habían planeado. Al final del concierto, atrás del escenario recuerdo escuchar gritos desaforados de Baradi, estaba rojo de ira y su papada se inflaba muchísimo cada vez que les reclamaba las notas en las que habían errado mientras todas las violinistas lloraban y corrían intentando guardar lo más rápido posible sus instrumentos, ya con mis pocos años de vida me parecía indignante como un hombre de su edad nos trataba así, me dieron mucha pena las chicas, yo las conocía a todas, me había hecho famosa en la orquesta. Ya con los años entendí un poco más a Baradi, era un musico frustrado que descargaba su ira con niños porque nunca pudo llegar a ser lo que quiso ser y termino con una batuta frente a una mocosa con el pelo casi blanco burlándose mientras intentaba coordinar una partitura, no lo justifico, nunca me pareció bien lo que hacía, pero medio que hoy me da pena simplemente era un frustrado amargado que vivía una vida que no quería. Espero nunca llegar a ser como el creo que es uno de mis miedos
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