El diario de los no sueño 3

Quiero criar otro pichón, sé que suena raro, pero les juro que hay una explicación coherente para mi afirmación. Resulta que amo a las aves, en realidad a todos los animales de cualquier especie y tipo. Siempre fui muy de rescatar animales sin importar su especie, no sé si es un complejo que tengo de salvadora, pero cuando veo a un animal sufriendo no puedo no hacer nada, desde gatos, perro, lagartijas y ranas, pero mis rescates favoritos son el de las aves. El ultimo que rescate me dejo una terrible historia que no voy a olvidar jama.

Una tarde vuelvo de pasear a mi perro y al llegar a mi casa me encuentro a mi dramática madre a los gritos. Resulta que mientras cortaba el pasto vio a dos calandrias atacando a tres gatos y entre medio de esa mini guerra paso un zorzalito corriendo. Según mis conocimientos es una secuencia rara por un lado es normal que las calandrias ataquen gatos, aunque no son aves rapaces son agresivas defendiendo su nido, lo raro de esto es que defendían a un zorzal. Por otro lado, los zorzales son aves que se terminan de criar fuera del nido, es decir, que aun cuando no vuelan ni comen solos se van del nido y sus padres los siguen criando así, pero son muy delicados con solo ver a un gato se infartan y mueren. Todo esto lo pensé en segundos, cuando yo llegue ya no había ningún gato, mi madre me dijo que cree que se lo llevaron, pero yo sabía que no. Cuando los pichones se encuentran en una persecución lo primero que hacen es esconderse y quedarse quietos en un lugar que se sientan seguros, entonces fui a sacudir los arbustos y el pequeño Napoleón Bonaparte salió corriendo. Efectivamente era un zorzalito corriendo para todos lados, realmente me costó agarrarlo porque me atacaba como una fiera, decidí que como seguramente sus padres estaban por ahí, lo deje en una rama y me aleje para observar. Nadie fue, nadie lo llamo, nadie grito cuando lo agarre, lo termine entrando y una vez que lo pude calentar con botellas de agua, le di una papilla de huevo y banana, parece fácil pero no lo fue ya que para apenas tener plumas era muy agresivo. El veía mis manos y las picoteaba o saltaba para empujarlas mientras gritaba, de ahí salió su nombre Napoleón Bonaparte porque era chiquito y malvado. Igualmente, no le puse nombre hasta que paso la primera noche, ya que esta es vital, define el sí viven o mueren. El sobrevivió, yo le arme con unos cajones desfondados un corral al lado de un ventanal en mi solitario comedor, a le no le gustaba y siempre quería ir al patio que veía atreves de la ventana. Ese es un patio interno típico de las casas viejas, que está rodeado de paredes y cemento, tiene bastantes plantas y como no vi peligro no me pareció mala idea que este ahí. Estuve alrededor de un mes o más levantándome todos los días a las 6 para llevarlo a su patio y darle su primera comida con jeringuita, comía cada dos horas y a las 19 le daba su última comida y volvía a su corral. Con el tiempo planeaba más y crecía muy rápido, hasta que una noche lo fui a buscar y no lo encontré, el a veces se escondía y cuando yo lo llama el me respondía, pero ese día no me contestaba. Me pareció raro, pero pensé que, entre la oscuridad, las plantas y su plumaje podía pasar, a la mañana siguiente lo fui a buscar y nada, no estaba. Ese día era un viernes y llovía, sentía que el todavía no estaba listo para partir, si bien comía solo todavía no buscaba bien sus lombrices. Me quedé largos ratos viendo a la ventana hasta que lo vi, caminando por mi fondo todavía no le crecía bien la cola, pero ya levantaba vuelo, aunque andaba por el piso medio que me preocupo por mis gatos, pero confié en él, que terrible error.  Al rededor de las 8 me despierto con gritos de mi madre "LO AGARRARON LO AGARRARON", apenas reaccione escuche gritos de pájaros. Corro hacia afuera, me encuentro a mis gatas acostadas y al lado a Napoleón con el cuello torcido y las patas para arriba, no llore, no me lamente, solo agarre a la culpable. La Gringa es una gata rubia enorme y muy mimosa, pero cosa que se mueve y respira es cosa que mata, decidí que su castigo iba a ser un baño, no me gusta pegarles, la metí en el chorro del agua y mi enojo aumento cuando vi cómo le gusto le gustaba. Me resigne, iba a dormir, hasta que viene rápido con la pala y me dice "ESTA VIVO ESTA VIVO", entro a las gatas y voy al fondo y lo veo otra vez corriendo por todo el fondo, intentando levantar vuelo, pero no podía. Me costó agarrarlo me tuve que arrastrar por la tierra despacio mostrándole lombrices y cuando estas lo encandilaron abrió el pico y lo agarre, me pico y grito. Pensé que lo mejor por ahora era dejarlo solo en el patio interno un rato, no quería que se infarte ni nada, al mediodía decidí que lo tenía que revisar, vi que tenía un ala muy caída, al levantarla vi una herida abierta. Me horrorice, era toda una tragedia. entre en pánico, en este momento no creo que lo entiendan, pero la saliva de los gatos está cargada de bacterias, es una gran provocadora de infecciones para humanos y para aves es veneno. Y todo esto paso un sábado al mediodía, no había ninguna veterinaria de exóticos para que yo lo pueda llevar, busque, pero estaban a 20 o 30 min en auto y él no iba a sobrevivir el estrés del viaje, la única cercana abría el lunes. Me agaché para estar cara a cara y le dije en voz alta que si el aguantaba hasta el lunes yo iba a hacer todo lo posible para sanarlo, no me importaba nada, yo lo iba a dar todo por Napoleón. Fueron dos días difíciles, tristes el solo estaba parado en una rama, casi ni se movía, ya no cantaba, ni se bañaba en los potes de torta helada de grido y solo comía lo justo y necesario, le dolía y se notaba tenía el espíritu que siempre fue agresivo y fugaz por los suelos. Pero otra vez demostró su fortaleza y sobrevivió, a la primera hora del lunes fui corriendo al veterinario, la veterinaria quedo sorprendida de la resiliencia de Napoleón, con solo dos meses de vida lo atacaron cinco gatos, me dio la medicación y me advirtió que el en una jaula no iba a sobrevivir, yo la tranquilicé y le dije que mi idea es liberarlo. Llegue a casa a las 12 y en menos de media hora ya le había dado toda la medicación, la odiaba y la escupía, no se imaginan la inmensidad de mi alegría cuando lo escuche cantando, lo espié por el ventanal y se estaba bañando en sus potes de grido otra vez.  Mientras se curaba lo visitaban otros zorzales, me daba cuenta porque cambiaba el canto, se emocionaba, y compartían comida y agua, con los cuarenta grados que hacia esos eran recursos valiosos. A la semana tubo su control, ya estaba curado pero la veterinaria se dio cuenta que estaba discapacitado, en su ala caída tenía una fractura expuesta vieja, que seguramente fue lo que facilito que los gatos lo agarren la segunda vez, me dijo que él iba a levantar vuelo pero que siempre iba a estar en desventaja, pero que lo tenía que liberar. Ella tenía razón Napoleón Bonaparte el de las siete vidas no me quería, él nunca fue una mascota ni siquiera me dejaba acercarme y siempre fue así, siempre me lo demostró, él quería ser libre. Ahí empezó su entrenamiento, duro una semana, le enseñe a comer completamente solo y eso consistía en buscar lombrices y frutas, aprendió rápido siempre fue muy inteligente, cada vez que escuchaba a los aguiluchos se escondía abajo de las plantas. Una noche estaba dormitando en un sillón, yo en ese entonces vivía sola y escucho gritos de zorzal, salte del sillón y corrí al fondo. La gringa pisando un zorzal, le grito y ella suelta al pájaro, este corre y se esconde, entre la maleza y la oscuridad no lo encuentro, se me ocurre esconderme y dejarla a la gata suelta, ella iba a encontrarlo más rápido que yo y así pasa, obviamente la saque antes de que lo agarre. Otro zorzal mucho más grande, por ende, solían más sus picaduras, como pude lo revisé solo tenía un rasguño en el pecho, estaba bien solo no volaba por la oscuridad, me pareció que lo mejor era dejarlo con Napoleón, para que se calme total que podía malir sal. A la mañana siguiente no estaba ninguno de los dos, juntos se fugaron, deje comida en el fondo y trampas, ese día también llovía y no quería que le pase nada a Napoleón, los vi comiendo juntos, el otro volaba bien, pero Napoleón no. Todo ese día lo cacé con mi novio mientras mi amiga nos miraba a lo lejos tomado mate, cuando lo agarramos, pedí el Uber y lo llevamos a una reserva natural en donde no habría tantos peligros. Me dolió, pero era lo mejor, aunque lo crie, lo eduqué y le di mucho amor, él no quería eso, él quería ser libre, en cada ocasión que se escapó me veía y se huía desespera mente, era gracioso porque se integraba bien con otras aves y todas me gritaban, había hecho amigos. Entendí como el buen emperador que era el prefería morir de pie que vivir de rodillas, quizás el no haya vivido mucho, pero estoy segura de que él realmente disfruto su libertad y tengo fe que con su resiliencia la peleo como el mejor. Napoleón no es la primera ave que rescato es el tercero y por ahora sigue siendo el ultimo, por ahora.

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