Replica en escala

 El cuento “réplica en escala”, contiene tres relatos distintos y dos narradores diferentes. El primero, llamado mil nueve ochenta y dos, aunque esta primero ocurre último en la línea temporal y lo narra una niña cuya visión es inocente e infantil, es patinadora y participa en un desfile que conmemora los 100 años que cumple el partido de La Plata. En esta celebración ella se relaciona con otras patinadoras con total normalidad, pero observa que una de sus compañeras Eugenia, es callada, no se vincula con otras patinadoras y su abuela fue la única que la acompañó. En un punto sus docentes quieren que sus patinadoras realicen una reverencia hacia el balcón en donde se encuentra el último presidente de facto (Reynaldo Bignone), mientras lo hacen se percata que Eugenia no hace la reverencia se queda en shock mirando al balcón a pesar de que la narradora le recrimina su accionar por lo bajo. En los siguientes dos relatos mil nueve setenta y nueve y mil nueve setenta y seis, como su orden numérico lo indican, ocurre mucho antes del primer relato. La narradora cambia sutilmente, ya no es la niña infantil que no sabe quien és el presidente, si no que es Eugenia, una niña que vive con miedo intentando constantemente proteger a sus hermanos. La pequeña va contando como recuerda dos secuencias en donde la violencia y la normalidad conviven en su rutina, en donde no entendía realmente que pasaba pero sabía que algo estaba mal y que su familia peligraba, y todo esto se entiende al final del cuento con una frase desgarradora  “Entonces dormimos, tranquilos, como que no éramos una familia que estaba destinada a desaparecer ”. No solo me resulta interesante cómo pudo dar vuelta la historia cambiando sutilmente los narradores si no lo normalizada, cotidiana e institucionalizada que estaba la violencia.



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